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Cada día es una lucha en la cual soy derrotada...pues mi oscuridad ciega mis ojos ya que tú no estás...En una ladera, oscura, en donde los árboles no dejan pasar los rayos de Luna, en la cual mi vida se apaga poco a poco, en la que, hecha un ovillo en el suelo, temblando de frío, susurro tu nombre buscando el perdón de Dios que no me dejó amarte como debía. Hizo que me adentrara en lo oscuro, hizo que me adentrara al fondo del bosque, cruzando la ladera, para que los buitres y cuervos rasgue mi piel y arranquen mis órganos. Mientras mis ojos se cierran dándome por vencida, escucho a lo lejos una música que me hace despertar; levanté despacio, volviendo en mí, y comencé a andar guiándome por las notas angelicales que llegaban hasta mis oídos corroídos por el silencio roto a veces por el crepitar de las ramas frente al viento. Poco a poco la luz de la luna alumbraba mi camino y notaba cómo mi cuerpo se formaba de nuevo, cómo mi alma volvíaa mí y cómo mi corazón volvía a latir. Subí un escarpado tramo en el que las piedras me hacían cortes leves que curaban con el frío viento que bajaba de aquella montaña; el frío helado se metía en mis huesos y se pegaba, agarrándose fuerte, queriendo romper mis huesos. La nieve que poco a poco aparecía congelaba mis pies desnudos y mis manos enrojecían por el frío...pero aquella música seguía sonando y me hacía seguir hacia la cumbre. Crucé mil cuevas oscuras, crucé mil acantilados y aún pensaba que aquella música sólo la podía producir un coro de ángeles bajados del cielo al que, moribunda en aquella ladera oscura, quería subir como fuese; cuando llegué, vi la esbelta figura de una chica, morena, con la piel más suave que jamás había visto, me dieron ganas de besarla y besarla sin parar, de recorrerla con mis manos...sus piernas, largas cual árbol que intenta rasgar el cielo, recorrían el largo camino hacia sus caderas...su cintura y sus curvas me hacían enloquecer, y me acerqué a ella...era un ángel sí, era lo más precioso que jamás había visto...eras tú...y las notas de aquella música eran los te quieros que nos guardamos una noche y que no nos atrevimos a decir. Me acerqué despacio, tú te giraste y te fuiste poco a poco, acercando a mí y cuando estábamos cerca, me cogiste de la mano, me cogiste fuerte y me acercaste despacio hacia ti..el beso fue enternecedor, mi cielo se abrió...y subí, subí a lo más alto, contigo de la mano...entonces miré hacia abajo y me vi entre tus brazos...tus lágrimas se congelaban en tu cara...y mi cuerpo, morado...yacía entre tus brazos, frío y muerto...mientras tus lágrimas intentaban revivirme...heladas...alzaste un grito a las nubes....

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